PARTE Nº XIV. ROAD TRIP por THANKSGIVING




Aviso a navegantes. Esta entrada se la dedico a nuestra amiga Jake, que le gusta ver fotos de nuestro viaje. Así que la he puesto un porrón.  Aconsejo verla en dos partes porque si no, vais a acabar de la familia López Arjona hasta el moño... 



Los López Arjona en Monument Valley en junio de 2016


Los López Arjona en Monument Valley en noviembre de 2023. Moraleja: mejor en verano



Por fin llegó una semana de vacaciones. Diréis alguno "pero si el jeta lleva tres meses..." y no, no es correcto. Llevo tres meses de estudiante aplicado, de UBER encubierto, de guía turístico y de "inmigrante", pegándome con cada cosa nueva que los gringos ponen mi camino.


Aprovechando la festividad de Acción de gracias (esa en la que los despegados americanos cruzan medio país para ver por primera vez en lo que va de año a su familia) y que los peques no tenían cole, nos fuimos con el papamóvil de road trip por el suroeste de USA.





Habremos hecho unos 3000 km, lo que nos da para atravesar España tres veces, pero si lo ves en el mapa de Estados Unidos es una pequeñísima parte, una nadería:




Y es que este país es enorme. Para mi gusto demasiado grande.


La primera parada que hicimos fue en el Parque Nacional Joshua Tree. Era en principio el que menos me atraía, tenía la idea de que era un secarral salpicado de los famosos árboles de Josué, que prácticamente solo se encuantran en esta zona:


Árbol de Josué



Y efectivamente era un secarral, pues aquí se juntan dos desiertos, el del Colorado, al sur, y el del Mojave, al norte, formando el valle de Coachella.






En el punto más alto del parque, con el desierto del Colorado al fondo


Sin embargo tiene su encanto, sobre todo con la preciosa luz invernal que hay a finales de noviembre (esto en verano no debe haber Cristo que lo aguante). El parque es extensísimo y tiene enormes pedruscos marrones despedigados por todos lados, algunos de bastante altura son aprovechados por la gente para practicar escalada.







También hay zonas de acampada bastante baratas donde estaban pernoctando cantidad de jóvenes escaladores. El cielo de noche debe ser espectacular:




Los chicos al rato ya estaban algo aburridos, menos mal que encontramos una zona para que hiciesen un poco el cabra y ahí ya se vinieron arriba.










El parque nos sorprendió a María y a mi. Era realmente especial.











En cuanto puede se queda Roque










El balón que no falte, aunque sea de fútbol amerciano



Son más buenos que el pan







Nos pasamos todo el día recorriendo el parque, terminando en el jardín Cholla Cactus, también más bonito de lo que pensaba:


Al fondo el desierto del Colorado
















A las cinco se nos hizo de noche y emprendimos el camino hacia el hotel en ¡Palm Springs!.

Palm Springs.... Vaya vaya con Palm Springs. Me habían comentado dos chavales de la academia que estaba bonita. Pero nosotros no la encontramos el gusto, la verdad. Lo que vimos nos pareció otra ciudad insulsa en mitad de la nada, enorme, en un páramo entre desiertos y azotada por el viento. Me pasa con más ciudades de aquí, las veo artificiales, sin alma. 

Hasta hace apenas dos días aquí solo vivían indios de la tribu Cahuilla, bastante pacíficos, por cierto. Y en estas que llega el típico paisano emprendedor de los cojones y se le ocurre que este secarral puede venderse como un refugio saludable. Y empieza a levantar hoteles. Y el tipo tuvo suerte o era un lince, porque pasaron dos cosas. La primera, que en la época dorada de Hollywood (años 30) se obligaba a los actores mediante contrato a vivir a no más de dos horas de Los Ángeles. Y la segunda, que la Asociación de Productores Cinematográficos había impuesto el llamado "Código Hays", un reglamento que pretendía preservar las buenas costumbres en el cine, es decir, nada de alcohol, fiestas, amantes y demás escándalos cerquita de los estudios.

Nosotros tenemos la idea de que aquellos actores y actrices de las películas en blanco y negro de los años cachupin eran unos panfilillos santurrones y decorosos, siempre tan bien vestidos, tan bien peindados, tan recatados, tan... en blanco y negro, no sé. Nada más lejos de la realidad. El mejor ejemplo lo tenemos en Errol Flyn, que vaya biografía tiene el pájaro. Hollywood era un putiferio y prácticamente todos estaban liados con todos. 

Juntando todo lo anterior en una coctelera, metiendo un poco de Hollywood, un poco de mafia y aderezado con algun que otro político, nos da la caravana del pecado rumbo a una mierdecilla en mitad de la nada llamada Palm Springs.

La ciudad se convirtió en un oasis en el desierto de California. Estaba lo suficientemente cerca de Hollywood como para cumplir la cláusula del contrato, pero lo suficientemente lejos como para que a las revistas no les saliera a cuenta enviar a sus reporteros desde Los Ángeles a hurgar en la basura.

Empezaron a construirse mansiones a diestro y sinestro. Bob Hope, Kim Novak, Katherine Hepburn, Elisabeth Taylor, Cary Granty, Ava Gardner, Frank Sinatra,.... 

Se rumorea que en una mansión de P.S. comenzó el romance de Kennedy con M. Monroe



En la década de los 70 comenzó un lento y progresivo declive. Ahora es una ciudad para jubilados de oro, repleta de piscinas (¡más de 40.000!) y clubs de golf (¡más de 100!). Aquellas mansiones son parte de un recorrido turístico que no tuvimos tiempo ni ganas de hacer. No sé si te dejan entrar en alguna de ellas pagando o sólo las ves por fuera. Tanto da porque deben estar despedigadas por tropecientos km2 y no me apetecía ni investigar. 

Nosotros nos fuimos al monte, a ver naturaleza que es lo que más me atrae de este país. Si por mi fuera me habría pasado los tres meses y medio en una caravana recorriendo parques naturales y procurando tener el menor contacto con la fauna local angloparlante.

Así que al día siguiente nos dirigimos a coger el Palm Springs Aerial Tramway, o el teleférico de toda la vida, vamos, que te lleva en un periquete al Parque Estatal Monte San Jacinto.

El caso es que en la ciudad no había ni gota de viento, pero cuando llegamos al Aerial Tramway, un vendaval tremendo. Entre eso y que veía pocos coches en el aparcamiento... Pagamos la entrada, una pasta, aparcamos, subimos al edificio base y nos dicen que no sale el primer viaje hasta dentro de 50 minutos por las condiciones metereológicas. Shit¡ Y por qué no lo dicen en la entrada y te ahorras la pasta?¡ Porque eso sonaba a que esperes una hora a ver si suena la flauta y para el viento. Uy madre. A María le salió la vena leona y para la entrada que volvimos. Aparco a un lado, se baja my wife saliéndole humo por las orejas y se marcha decidida a por el  young man de la garita. Yo ya tenía marcado el 11 en el teléfono y cuando iba a presionar el 2 regresa ella tan pancha, muy tranquila, "le acaban de decir que ya está abierto", me dice. "¿En serio?" contesto, porque pensaba que igual era una estratagema para ganar el tiempo justo y necesario para encerrarse en la garita y llamar a los SEALs.

Total, que volvimos al edificio del funicular, sacamos la entrada y esperamos casi una hora para coger el cacharro. Entre tanto sube baja se nos había colado cantidad de gente.

Pero mereció la pena. En un recorrido de 10 minutos y 4 kilómetros nos plantamos a una altitud de casi 2.600 metros. Es el funicular giratorio más grande del mundo. 
















Arriba hay multitud de senderos entre bosques de pinos y algún que otro lago. Nosotros hicimos el "Willow Creek Trail to Hidden Lake and Round Valley Loop". Precioso y sin apenas gente.




Antes de hacerlo tienes que pasar por un puesto de los rangers, dar los datos de cuántos van, qué recorrido vas a hacer, coger un plano (no se fiaban de Chuck Norris, incultos) e "ir con cuidado de no perder el sendero". Vamos hombre, que uno ya tiene callo. Aquello estaba más marcao que Messi en un Barsa-Madrid. Hasta tienes que firmar no sé qué papeles de responsabilidades y demás. Qué flipaos.





"No perder el sendero"


Chuck Norris indignado con los rangers...


Lunch moment






O he encogido yo, o ha crecido él

















Lo de abajo a la izquierda es una roca, no mi cabeza, graciosillos





The Hidden Lake


Los 4 fantásticos






La excursión estuvo muy chula. Sin mucha dificultad, todo por bosque, algún riachuelo de vez en cuando y la zona del lago espectacular. Regresamos a coger el teleférico, no sin antes pasar por donde los rangers, hay que devolver los papelitos para que les conste que no te quedas a vivir allí asilvestrado, y de vuelta a Palm Springs.

La vista desde arriba era bonita, con la ciudad en mitad del desierto


En la bajada a Dani le dio un chungui, le dolía la cabeza y estaba muy mareado. No sé si sería por el cambio de altitud. Con un ibuprofeno y una siesta se le pasó.




El resto del día poco hicimos porque la ciudad ya os dije que no nos atraía nada. Preferimos disfrutar de las "bondades" de nuestro "hotelazo" El Vagabundo Motor Hotel, que ya el primer día a punto estuvimos de reclamar porque habíamos reservado para cuatro, no para cinco, y se había autoinvitado una cucaracha del tamaño de un puño.





Diréis, qué cutre es el chaval, que se estire y les lleve a sitios de más glamour, pero es que este fue el hotel más caro del viaje, ¡160 dólares por noche! Me cago en Palm Springs. Para compensar el mal hotel les invité a una cena por todo lo alto:


Pizza Hut al canto



El siguiente día nos dirigimos a Las Vegas, ciudad del pecado. Por cierto, Dani en sus trece años ha estado ya dos veces, más que en una Iglesia. No sé si lo estamos haciendo bien...


Inciso[De camino hicimos parada en un sitio llamado Calico, que se vende como una antigua ciudad minera fantasma. Craso error. Cuando llego allí y me dice que son 8 dólares por persona, me quedo atrapado pensando "pero si la entrada a los parques nacionales cuesta 80 dólares al año, todos los parques incluidos, y dos coches, que te sale a 40$". El caso es que llevaba dos horas y pico conduciendo y venía bien hacer una pausa, asi que entramos. Y salimos. Escopetados. Una bazofia turística que no merece ni el 2 del 32. No vayáis.]


- "Marido, ¿hemos pagado 32 dólares por esto?
- "Oh my Godness, I can´t bealive that. ¡Me voy a liar a tiros!"














Y llegamos a Las Vegas. El día anterior se había celebrado el Gran Premio de Fórmula 1, así que había muchas calles cortadas al tráfico y otras abarrotadas de gradas aún sin desmontar, lo que desmerecía un poco la ciudad.

Las Vegas es otra ciudad que solo puede existir en un país como éste. Desde la dirección en la que veníamos nosotros (Sur) no hay una vista tan espectacular como si se viene desde el norte, en la que, ya desde lejos, ves emerger una mega urbe en mitad de un paisaje lunar (el desierto del Mojave), como si fuera un decorado de una película de ciencia ficción.

Aquí vivieron durante siglos los indios paiute, hasta que en 1800 llegaron los europeos con ganas de tocar las bolingas. Los primeros que aparecieron por allí fueron comerciantes españoles que pululaban alrededor de Los Ángeles y llamaron al lugar Las Vegas porque debía haber algún que otro prado desperdigado. Después acudieron mormones a explicar la "verdadera" religión (es decir, la suya) a los pobres indios que creían en los coyotes y demás fuerzas de la naturaleza. Pero como dice el refrán, predicar en el desierto sermón perdido, así que se largaron por donde vinieron no mucho tiempo después.

Y como hemos visto muchas veces en míticas películas del Oeste (oh my God, las hay buenísimas) llegó el ferrocarril. Y con él los colonos, y el ejército, y el predicador, y el barbero sacamuelas, el de la armónica, y el Bueno, el Feo y el Malo. Y ya no hubo vuelta atrás. Antes de darle a la farlopa plantaron alfalfa, y algodón y trigo. Más tarde les dio por construir cerquita de allí la presa Hoover, uno de los proyectos de ingeniería más grandes de EEUU, y aquello se debió llenar de currantes solteros muy necesitados. Así que tras el de la armónica llegaron las prostitutas. Y se empezó a torcer el árbol.


La presa Hoover


Para enderezarlo llegaron los mafiosos (que por aquellos años debían tener más poder que el presidente) ya que vieron el potencial que ofrecía esta ciudad en rápido crecimiento. Y a partir de ahí pues lo que todos sabemos, hoteles, casinos, hoteles-casino, juegos de azar, prostitución... Vamos, que al algodón solo se dedicó ya Rita la Canastera. Al principio era todo de contrabando, medio oculto, pero al ver la pasta que generaba, el estado de Nevada abrió la veda "Que cada uno haga lo que quiera siempre que me den cacho", rezaba la exposición de motivos de la Ley que legalizaba el juego. 

Así que mandaron el árbol a freir espárragos, en su lugar plantaron el Flamingo, casino del cuasi Dios Bugsy Siegel, mafioso de los que dan miedo, y como él llenaron aquello de casas de vicio, degeneración y sinvergonzonería.


Bugsy Siegel. Con esa cara... el pobre monaguillo no podía ser. Nació predestinado



El Flamingo. El casino más antiguo del Strip



Aprovechando la ingente cantidad de energía eléctrica que proporcionaba la presa inundaron la ciudad de luces. Se convirtió en una de las pocas ciudades americanas que permanecía iluminada de noche. De la zona primaria de casinos, Fremont Street, se pasó al famoso Strip, una callecita de más de 4 millas abarrotada de luces, espectáculos y hoteles-casino. Se dice que pasó por discrepancias entre Siegel y el ayuntamiento de Las Vegas (querría alguna licencia de obras en un plazo razonable, já¡), así que mosqueado decidió levantar su Flamingo a 4 millas del centro, y fuera de los términos municipales de la ciudad. Y aquello se les fue de las manos:






El tema es que es una ciudad que mucha gente odia, por artificial o por exagerada. A mí me parece que para el fin que fue construida, no tiene rival. Es un auténtico sacacuartos en el que te puedes dejar hasta las pestañas si te dejas seducir por todas las cosas que ofrece. Su supervivencia depende de ofertar constantemente nuevos espectáculos a los turistas que acuden a ella. Y en esa huida hacia delante, en la que parece que el dinero no es ningún problema, surge lo que en realidad es las Vegas, un gigante parque temático del vicio, la luz, el espectáculo, la hipérbole; una moderna Sodoma y Gomorra elevada a la enésima potencia, dopada con la pasta más sucia que puedas encontrar. Aún así, parece que en las dos últimas décadas se ha volcado un poco más en otro tipo de público, menos inclinado al vicio y más a ver cosas nuevas. Así, han construido hoteles temáticos (son flipantes), atracciones como la Stratosphere Tower, The Sphere (donde toca cada fin de semana U2, increíble lo que hace el money: cada fin de semana), infinidad de shows de múcisa, de humor, etc.

En cuanto a nosotros, recuerdo que cuando estuvimos aquí en junio de 2016 me alucinó. Recuerdo ir con los peques por la calle, de noche, flipando en colores con el ruido, las luces, las limusinas llenas de jóvenes de juerga, el niño gordísimo saliendo el hotel comiendo un helado, en la calle tirado un pobre homeless y al lado otro nada pobre pero borracho como una cuba. Pensaba "¿¿¿pero esto que es???" Un exceso en toda regla.


Me acuerdo que los niños lo pasaron muy bien, y que Dani celebró aquí su sexto cumpleaños (casualidad, eh?, no es que le quiera predisponer al vicio):




Pero en esta ocasión, ya perdido el efecto sorpresa, no me llamó tanto la atención. También es que la ciudad desmerecía con la cantidad de gradas que permanecían aún colocadas en las zonas principales por el reciente gran premio de fórmula 1. También fue una visita express, llegamos a media mañana y nos fuimos al día siguiente. 





























Esto es dentro de un casino, el cielo es artificial






Eso sí, nos dio tiempo a visitar por la noche la Fremont Street, antiguo epicentro del descoque. Y acabar con la moral un poco por los suelos viendo la pila de zombies que arrastran su vida de mala manera por este inframundo. 


Y es que, en cuanto llegamos a Fremont, entramos por una parte de la calle en la que había un concierto, y alrededor, bailando como marionetas rotas, se desplegaba un abanico de esperpentos cada cual más triste. Un homeless en silla de ruedas girando como un robot para un lado y para otro, una persona con deficiencia mental bailando al lado de una mujer de mala vida que conoció tiempos mejores, más homeless con pinta de enfermedad mental o droga... Tuvimos lo que se dice una entrada apoteósica. Y el caso es que esto sucede en la más absoluta normalidad. Alrededor había gente bebiendo en las terrazas de los casinos, turistas como nosotros paseando, artistas callejeros tocando instrumentos, pintando... 

Nos dimos unas vueltas por la calle, que está entera cubierta con pantallas electrónicas, y ya el frío, la noche y el sueño nos indicaron que era hora de abandonar aquel lupanar trasnochado y decadente.













Si no conoces Las Vegas y tienes oportunidad de hacerlo porque pasas cerca, yo es algo que recomendaría, aunque sea solo por ver lo que es capaz de hacer el ser humano. El espectáculo del Strip de noche, con los hoteles temáticos de Venecia, Paris, Nueva York, ... o los casinos por dentro y la cantidad de gente que se mueve por ellos (están conectados entre sí para evitar que salgas a la calle y no sepas ni el tiempo que llevas perdiendo dinero). Si no te pilla cerca, puedes vivir sin ello, desde luego. 

A mí realmente me asombra la cantidad de gente que viene a tirar la pasta en los casinos. No sé el dinero que cuesta cada apuesta, ni lo que cuesta entrar a un pub, o tomar una copa. No hablemos ya de los espectáculos. Supongo que sea todo supercaro para los salarios españoles, pero aquí la gente funde como si nadara en la ambulancia, como diría aquél.






Al día siguiente partimos rumbo al norte, hacia el Parque Nacional de Bryce Canyon ¿Os había contado ya que yo me habría pasado mi estancia en USA de parque en parque?


Salimos del hotel atravesando Las Vegas. Era curioso ver las calles sin apenas gente después del ajetreo que vivimos la pasada noche. Eché un último vistazo, sabiendo que no voy a volver.


A medida que ascendíamos hacia el norte iba desapareciendo el tráfico, dándome una especial sensación de gustillo. Significaba que nos adentrábamos en la América salvaje, alejada de los grandes núcleos de población. En cuanto dejásemos la autopista interestatal 15 para coger la estatal 20, nos quedaríamos practicamente solos en la calzada. Lo malo es que cuanto más arriba, más frío, y ya cuando paramos en Cedar City a repostar vi que algunos coches llevaban nieve en el techo. Esto me preocupaba un poco, porque el papamóvil lleva cuatro mechas californianas por ruedas, vamos, que lo más cerca que han estado del hielo ha sido en la pista de patinaje artificial del outlet de Las Viejas (olé los colonos y sus nombres).


Outlet de Las Viejas, a media hora de casa. Territorio indio con su correspondiente hotel-casino libre de impuestos



Pasado Cedar City ya teníamos la autopista para nosotros solos, conduciendo por rectas interminables, rodeadas de extensos campos y con montañas nevadas al frente, indicándonos el norte. De fondo la banda sonora de cada viaje, canciones que cuando las escuchas pasado mucho tiempo te hacer recordar los momentos vividos. Quién nos iba a decir que hacía apenas tres horas habíamos abandonado la ciudad más pecaminosa del mundo.








En este viaje hemos escuchado mucho un podcast de una española que se vino a trabajar a Miami, posteriomente se echó marido y aquí se quedó. Y está interesante porque habla de las cosas de EEUU que no son tan bonitas: racismo, armas, drogadicción, violencia policial, falta de estado de bienestar, etc. Se llama Aló Miami, por si os interesa (gracias Cris y Quique, está muy interesante y nos ha hecho amenos los km que no lo son).

Cuando ya nos adentramos en terreno montañoso vimos un cartel anunciando que las carreteras estaban en buenas condiciones, así que ya me quedé más tranquilo. Pasamos por el red Canyon y tenía muy buena pinta, pero no paramos a verlo porque los días son cortísimos, los bosques estaban nevados y queríamos llegar al destino.











No recordaba que fuese tan bonito Bryce Canyon. Una vez más la luz cálida que hay en noviembre casaba muy bien con el color acre de las curiosas rocas que lo forman. Hicimos uno de los senderos que lo atraviesan, metiéndote de lleno en el pequeño valle. Lo hicimos sin prisa, parando a comer y sacando cantidad de fotos, para alegría de los dos adolescentes que llevamos con nosotros.


El trío lalalá en 2016



El trío lalalá en 2023










































Cuando ya estaba anocheciendo volvimos al hotel, un hotelito de carretera en mitad de la nada pero al lado de un mejicano donde cenamos la mar de a gusto. ¡Hacía un frío del carajo!





Tanto frío hacía que amanecimos con el coche cubierto de hielo. Ahí les dejé a los chavales la tarjeta de crédito para que rascaran el parabrisas, que no se veía un demonio.

Después partimos con destino a Torrey, pueblito entre parques nacionales y a mitad de camino del de Arches. Este día tenía pensado entrar en el Grand Staircase-Escalante National Monument y hacer alguna ruta, pero la que llevaba en mente se metía por un camino de cabras y no quería forzar las mechas californianas. 

Este Monumento Nacional es menos famoso que los otros Parques Naturales de Utah (Bryce, Zyon y Arches), pero tiene muchas cosas interesantes para los que nos gusta andar por el monte. Hay cantidad de senderos, ríos, lagos y formaciones rocosas espectaculares. Estas fotos son de internet:


 Lower Calf Creek Falls. La tenía apuntada pero no nos dio tiempo, es algo larga.





Zebra Canyon. Esta sí lo hicimos


Así que desistimos. En su lugar nos metimos en el Escalante Petrified Forest State Park, que es un parque al lado de un lago artificial en el que haciendo un bonito sendero de unos 4 km. puedes observar troncos fosilizados. La madera petrificada se elabora mediante un proceso de fosilización llamado permineralización: los minerales transportados por el agua llenan todos los espacios abiertos de un organismo o tejido orgánico.
















El paseo estuvo muy agradable y aprovechamos a comer en la entrada del parque, que es una zona de acampada, casi desierta en estas fechas.

Después continuamos marcha con el bólido por carreteras preciosas, con la idea de hacer parte de la caminata que lleva a Lower Calf Creek Falls, pero con la preocupación en mi cabeza de que no nos iba a dar tiempo, y es que anochece antes de las 17:00...

Por el camino vi un desvío hacia un tal Zebra Canyon, pero era una pista más para un 4x4 que para la damisela de coche que llevamos, así que pasé de largo. El caso es que 5 minutos después paré en un view point para admirar el paisaje y de paso investigar con el móvil alguna ruta chula y corta cercana, porque la de la catarata la descarté. Y me apareció con unas fotos espectaculares la del Zebra Canyon. Así que me dije," de perdidos al río". Dí media vuelta y metí al papámóvil por ese camino de cabras.




Diez kilómetros ida, diez kilómetros vuelta por un camino más propio del París-Dakar. ¡My Godness! Yo iba mirando el camino, mirando el google maps a ver si así pasaban más rápido los kilómetros (craso error), mirando el tablero del coche (es que no lo he contado pero por la mañana se había encendido un testigo que indicaba presión baja en un neumático, que desapareció cuando lo inflé en una gasolinera), y mirando a ver si recuperaba la cobertura en el móvil. Y a su vez pensaba "como nos deje tirados, a menos de tres horas del anochecer, sin cobertura, con temperaturas bajo cero a la noche, y por aquí no pasa ni Christ...". My wife a su vez iba mirando las uñas, mirando el paisaje, pensando "a ver si rebajan más los Hoffman (álbunes de fotos, que era Black Friday) y puedo enviar el de.....". ¡Joder! ¡Hay veces en las que me gustaría ser mujer! Que me lleven del punto A al punto B. Si por el medio hay que pasar por la Franja de Gaza, el frente de Ucrania o atravesar el Canal de la Mancha por fuera aguantando la respiración..., ¡doesn´t metter! Por no decir que el 99% de las veces desconoce dónde carajo está el punto B. Cuando la veía demasiado tranquila aceleraba un poco con mala baba para que aquello crujiese como si ni hubiera un mañana y las cabezas de los cuatro se nos fuesen de lado a lado hasta casi dar con la carrocería, y ahí ya la sacaba un poco de sus ensoñaciones, "cómo está el camino, no?", decía.

Además el "camino" en vez de ir a mejor fue a peor. Total, que se me hizo eterno hasta que de repente me tropecé con un coche que venía de frente... ¿Una Tacoma? ¿Una Ranger? ¿Una Tundra? ¿Una Ford F150? No. ¡Un Ford Mustang descapotable! Ahí ya me tranquilicé un poco. Si ese deportivo regresa significa que esto lo hace el papamóvil con la minga. Me intranquilizaba pensar que llevaba un neumático un poco pinchadito, pero el mundo está hecho para valientes.

Al final, afortunadamente, llegamos a un prado donde reposaban aparcadas siete u ocho rancheras con ruedas como yo de altas, y uno o dos coches normales. Ahí empezaba la ruta.

Nos pusimos aceleradamente a caminar, sin mochila, sin agua y sin nada, con la idea de andar una hora hasta donde llegásemos y darnos la vuelta para que no nos pillase la noche. El caso es que empezamos a andar y aquello era muy bonito, seguíamos el curso de un río seco que había formado un cañón con unos colores espectaculares. Además era muy llana, con lo que se podía andar a paso ligero. Aquí tengo que decir que mi mujer se porta fenomenal en las marchas, pero... por pedir le pediría un.... un nada, un 10% más de velocidad. Nada más. Si la etapa es técnica, con escalones o cuestas muy empinadas, pues no, cada uno va como puede. Pero en senderos llanos y fáciles sí me gustaría un poco más de garbo. A los críos si acaso les pido que no nos dejen tirados, porque ellos van como cohetes.


Ná, el típico aviso de que lleves un galón de agua por persona.















Los colores eran espectaculares, pero con el móvil no se aprecia. Ya me insiste Quique en que necesitamos todos un Iphone



Total, que al final nos liamos la manta a la cabeza y llegamos hasta el cañón.





















Ya de regreso. El camimo era muy fácil



Al final llegamos al coche cuando ya estaba cayendo el sol, pero pude hacer el camino de cabras con luz. Además me seguía uno en un todoterreno gigantesco, con lo cual iba más tranquilo. Yo creo que no me adelantó porque pensaba que el papamóvil no llegaba a la carretera.

Pero llegó, y la enfilamos dirección al hotel, que estaba a una hora, atravesando parajes chulísimos que cuando se hizo de noche ya no pudimos disfrutar. Al contrario, iba con los 5 sentidos puestos porque en algunas zonas había nieve, bosques y se veía algún cervatillo pululando por los lados. Era de noche profunda y no quería llevarme ningún animal por delante.


Cenamos en un restaurante que había al lado del hotel, mejicano off course, y a dormir y reponer fuerzas. Tenía en la cabeza el tiempo, ya que daban nevadas para dos días después, es decir, cuando ya nos tocaba iniciar el camino de regreso hacia el sur.


Como los chavales se portaron bien, les dejé conducir un poco en el aparcamiento privado del hotel:






Al día siguiente, viernes de Acción de Gracias, nos dirigimos hacia el Parque Nacional de Arches



Al poco de salir del hotel, cuando ya estaban todos amodorrados en sus asientos escuchando spotify y demás, veo a un lado de la carretera un aparcamiento con unos cuantos coches y señalizaciones de rutas. Una vez más la cabra tira al monte y para allá que les hice salir a los 3, que dieron grandes gritos de júbilo y numerosas muestras de aprobación, claro.

Así que nos dimos un paseo de unos 5 kilómetros hacia el Hickman Natural Bridge, precioso y que nos sirvió para despejar el alma y de antesala a lo que nos esperaba en Arches.


Preciosa toda esta zona. La foto no hace justicia


Hablando de sus cosas, "cómo me gusta que me saque papi del coche para andar entre piedras..." y similar.





Espectacular (y el arco también)


"...pues yo la próxima no me bajo...."


























Rutilla chulísima que salió sin querer de la nada. ¡Hay que ir con los sentidos abiertos a la naturaleza!


Seguimos camino disfrutando de los paisajes que ofrece este país, carreteras de curvas entre cañones color otoño, con el río y la música de compañia, llanuras extensísimas, rectas interminables y formaciones rocosas curiosísimas. Esto con una autocaravana, buena musiquita  y sin prisa alguna tiene que ser un auténtico placer .











Llegamos a Arches con tiempo de sobra hasta el anochecer. Al menos eso pensaba yo hasta que vi lo grande que era aquello. ¡Tiene 310 kilómetros cuadrados¡ Se recorre en coche a través de una carretera principal que te lleva a los principales puntos de interés. Pero aquí se puede acampar y dedicarte a recorrer senderos durante unos cuantos días.

Nosotros visitamos algunos de los arcos más famosos. La tarde estaba fría y con muy mala luz. Las fotos no salieron gran cosa, pero aún así se puede apreciar la cara de gozo de Dani. Yo creo que le empezaban a sobrar piedras. Para él todas son iguales.















Al final de la tarde nos acercamos al arco más famoso, The Delicate Arch. Hay que hacer una pequeña caminata para llegar hasta él, pero decidimos ir solo hasta algún view point porque los críos estaban cansados de ver pedruscos. Dani directamente se quedó en el coche, el arco delicado se lo pasaba a su vez por el arco del triunfo, así que fuimos solo con Quique. 

Y como suele pasar, nos vinimos arriba y tiramos hasta el final. La ruta es muy bonita, me sobraba gente eso sí, porque iba pensando que en Acción de Gracias todos estarían trinchando el dichoso pavo, y no fue así. Pero mereció la pena.


The Delicate Arch


Aquí tuve un percance gracioso con mi inglés, y es que me pilló un poco desprevenido. Había mucha gente sacándose fotos, entre ellos una mujer y su familia. En un momento dado se dirigió a mí y me preguntó que si quería que nos sacase alguna foto. Yo decliné amablemente la invitación porque me gusta el ritual de poner la cámara con el trípode, encuadrar, apretar el botón y salir corriendo a posar antes de que termine la cuenta atrás. Manías que tiene uno. El caso es que ella se quedó con cara de cortada, como diciendo "¿what the fuck?", y el cobarde de mi hijo, que estaba al lado, riéndose por lo bajini. Parecía como me quería decirme algo pero prefería disfrutar de la situación y seguir riéndose. Menos mal que también andaba María por allí, atenta a todo y salió al quite. "Yes, no ploblem. Sorry my husband, he doesn´t speak much english". La mujer sonrió, "ah, thanks, it´s alrigth".  Y ahí el babión ya me contó: "Pero papá, que te había dicho si les sacábamos una foto y luego nos la sacaba ella". "Ándale, pues que pronuncie mejor, leches. ¿Y tú por qué coño no me lo has dicho? Quieres provocar un conflicto internacional?" Obviamente no, sólo quiere reirse de su sufrido padre.







Regresamos al coche hora y pico después. Yo iba sufriendo un poquillo porque había dejado encerrado a Dani en el coche. María, como es lógico, no sufría lo más mínimo, "que hubiera venido", era su razonamiento.

Y allí le encontramos, dormido o haciéndoselo, no lo tengo muy claro. Lo que sí tenía claro es que estaba mosqueado por la tardanza. "Haber venido", le dije.

Apurando los últimos rayos de luz nos acercamos al Arco de la Duna de Arena, y nos adentramos en un escenario propio de películas como Dune:


Aquí ya vino Dani aunque no abrió la boca





Con buena luz tiene que ser impresionante







Sin tiempo para más se nos hizo de noche. Estoy seguro que a este parque solo le sacamos un 5% de lo que se puede. Con más tiempo, mejor luz y menos gente tiene que ser un sitio increíble. A poco que investigues en el Google Maps ves la cantidad de cosas impresionantes que hay en la zona de Moab, escenarios de películas famosas, como la escena final de Thelma y Louise, Indiana Jones y la última cruzada, Misión imposible II, y otras.


Dead Horse Point. Foto de internet



Y nos fuimos directitos al hotel, a por la duchita caliente y la cena. Pero ojo, que era thanksgiving, así que prácticamente todos los restaurantes estaban cerrados. Al final encontramos uno abierto, el típico americano de comida sofisticada.


¡Toma Oklahoma¡ Esto sí es una cena de Acción de gracias.


¿Y qué cayó? Pues unos combos americanos de tacos, costillas, salchichas, alitas, pasta, ....Yiihhaaaa¡

Eso sí, nos lo trajeron a toda leche. Se fueron a pedir a la barra y cuando regresaron la comida casi estaba ya en el plato. 

Ahora que lo pienso... no hicimos el ritual de acción de gracias. Bueno, de haberlo hecho seguramente hubiese sido algo así como: "Por favor Señor, te doy las gracias si haces que estas grasas trans no se queden en mi aorta..."


Al día siguiente desperté pendiente del tiempo. Me levanto, cojo el móvil, Google Maps, y me sale esto:




El puntito azul éramos nosotros, y teníamos que dirigirnos al sur. Eso o dar la vuelta por la autopista que va por el norte y prescindir de la visita a Monument Valley.

A ver la borrasca...



Moab-Blanding-Mexican Hut, era la ruta. Chispas¡¡

A ver las recomendaciones...





¿Para donde tiramos? Vamos a ver. Si estos críos tuvieran un padre sensato, cabal, precavido está claro que habríamos cogido la autopista. Pero como les ha tocado lo que les ha tocado... ¿Qué hicimos? ¿Saben los negros bailar? Pues efectivamente, para abajo. ¡No hay nada que detenga al famoso papamóvil! Y hacia la tormenta fuimos. Al principio no hacía tan malo. Muy nublado, gris y tristón, con algo de nieve en los alrededores de la carretera, pero luego cuando estábamos llegando a territorio comanche, hasta salió el sol.

¡Já! Ese solecito debió ser un decorado cinematográfico, porque duró un suspiro y en su lugar nos engulló una negrura que hacía que a su lado Mordor pareciera Benidorm en pleno verano. Y se puso a nevar. 



Yo alguna vez me he imaginado lo que tiene que ser salir a un cuadrilátero a enfrentarte a un loco de estos de la UFC, esos que se dan de leches con todo y sin conocimiento, alguien tipo McGregor.


Angelito...



Tienen que caerte leches del cielo como si no hubiera un mañana. ¡Pim pam pum pam! por todos lados.

Pues así se puso a nevar. Caían copos como leches en un McGregor-Fede. De arriba, de los lados, hasta de abajo debía nevar. El asfalto se tiñó de blanco en un periquete y yo pensando otra vez en las mechas californianas. Cagoen... Iban tras de mí unas cuantas rancheras, seguro que todas ellas con neumáticos de invierno. Y ninguna me pasaba. Capullos. Querían que abriese huella, yo, con mi coche surfero. Un coche de costa, por Dios. A mi lado my wife pensando en sus Hoffman, los crios en su Spotify y yo mirando la cuneta para ver contra qué me podía ir.






Coronamos el puerto, empezamos a descender a pedo de burra, y finalmente, tras mucho sufrimiento, se fue abriendo un poquito el cielo hasta que la nieve se convirtió en lluvia.

Y a partir de ahí el resto del camino fue fácil. Llegamos a las inmediaciones de Monument Valley, en las rectas previas al parque, disfrutando de unas vistas maravillosas, que me hicieron recordar a las de hace ya 7 años, solo que la luz de aquella vez era infinitamente mejor a la de ésta.

















Y así hasta que llegó una negrura impresionante, acompañada de un viento tremendo y nieve a triscapellejo. Nos metimos corriendo en el coche y ahí esperamos hasta que pasara la tormenta.

Al terminar fuimos a entrar a lo que es el camino de pista que recorre el parque y justo cuando íbamos a pasar la barrera de entrada, nos la bajan. Preguntamos a la india que lo estaba cerrando que qué pasaba y nos dice que cerraban porque la pista estaba impractiqueibol. 

Así que nos fuimos para el hotel, no sin antes hacer algún amago de protesta, y regresamos al día siguiente para hacer el circuito por el parque. Por cierto, menos mal que lo cerraron la tarde anterior porque había alguna subida que dudo mucho que el papamóvil pudiera subirla con la pista embarrada.
















Y sin más tiramos hacia Phoenix, donde llegamos antes de que anocheciera al mejor hotel de todos los del viaje. Cenamos en un chino rodeados de orondas familias mexicanas (y es que vaya raciones ponen...) y nos fuimos para la cama. 

La última jornada solo fue de conducción por carreteras bastante anodinas hasta que llegamos a mediodía a El Cajón.

Y así finalizó esta semana de vacaciones, único viaje que habíamos hecho hasta la fecha. 

En el recuerdo quedarán los paisajes de los parques nacionales, las preciosas carreteras que los unen y los buenos momentos vividos en familia.


¡Hasta la próxima entrada!






P.D. Si alguno quiere alguna foto más, que me la pida ;)

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