¡Ya estamos todos los chiquitines escolarizados!
En cuanto a Dani, estábamos un poco temerosos de su primer día de cole. Como es lógico le acompañamos para darle apoyo moral y dejarle encarrilado con la gente de administración. El tema es que cuando le dieron el programa de asignaturas....
[Abro inciso. Puedo tirarme en la academia hasta el día de mi jubilación, después pasar ésta en el pueblo más profundo de Minnesota y, una vez muerto, enterrar mis huesos baja la catedral de San Patricio en Nueva York. Da igual lo que haga, si me reencarno dentro de mil años otra vez en Federico seguiré siendo incapaz de decir correctamente la palabra "Schedule". Me lo ha intentado enseñar María no sé cuántas veces; el otro día que iba en el coche con Dani, lo mismo, el pobre me decía: "pronuncia /sske/ y añade una especie de /droal/, como catedral". Soy incapaz, me sale algo así como /sskedel/, /sskedule/ o su fucking mather¡]
Es decir, cuando le dieron el coño "schecatedrule", era un galimatías tremendo (por cierto, que digan los americanos galimatías, a ver quién se ríe). El colegio es como un campo militar con barracones. En cada barracón hay distintas clases, pero sin ningún orden lógico y encima el plano venía con códigos raros. El pobre chaval cada vez que entra a esa sala pone una cara de cordero degollado, y no es para menos.
Como nos vio perdidos a los tres, una amable administrativa nos dijo que tranquis, que ya le acompañaba ella. Y allí le dejamos, rodeado de niños de todas las razas y colores.
De deportes va a hacer natación al salir de clase, y flag fútbol (una especie de fútbol americano para niños) antes de clase, a las 7.30.
Para nuestra sorpresa salió de su primer día de colegio bastante contento, todo el mundo le preguntaba que de dónde era y se interesaban por él. Días después batió el récord de la milla del cole, y se volvió aún más popular. Dice que está teniendo éxito en todos los ámbitos. No necesita abuela el chaval. Yo me alegro porque le viene bien coger confianza.
Yo empecé unos cuantos días después. Así que María y yo disfrutamos de unas cuantas mañanas de novios.
Esto de volver a las aulas con 50 años tiene sus cosas buenas y sus cosas malas, como casi todo en esta vida. Entre las segundas, comprobar que veo mejor la TV que hace las veces de pizarra que el libro. Mal síntoma. Yo me quejaba de la letra, que es una mierdecilla, pero creo que es más bien culpa de una presbicia incipiente. Y no es que me costase un poco, es que tenía que hacer una cobra al libro que ríete de la de Bisbal a Chenoa, más que cobra era jirafa. Y encima en inglés, porque si estuvieran las letras en español, con un poco de imaginación las junto, pero si a mi inglés además de ignorancia le añado imaginación, swich-off y vámonos.
También me veo un dinosaurio, porque la mayoría son chavalillos. El otro día celebramos el cumple de una japonesita que cumplía 23, con Happy birthday to you incluido. Pero esto de los cumples es de las cosas buenas. ¡Qué sensación más rara estar allí en clase cantando cumpleaños feliz a una compi! Me trae recuerdos de mi childhood... Esta japonesa es muy maja. Es la primera que llega siempre, y me habla bastante, que de donde soy, si me gusta el fútbol, si tengo niños... Es muy agradable.
En la clase hay gente de todos lados, Francia, Japón, Colombia, México, Argelia, Arabia Saudí, Azerbaiyán, Corea, Brasil, Argentina,... pero el grupo más numeroso es el japonés y el sudamericano. También hay una china, que es la más rarita del grupo, los demás son gente maja.
El dueño es un tío muy dinámico, está todo el día organizando cosas. Que si tacos en San Diego, que si el día de los equipos y la gente lleva camisetas del preferido suyo, organiza bonfires en la playa,.. Esta semana hemos tenido tres días de comidas temáticas. El primero de comida asiática, el segundo suramericana y el tercero africana. Europeos somos menos y nos hemos librado de cocinar, solo comer.
Eso sí, el primer día de clase fue horrible. Una vez finalizadas las clases, salir de allí con la moral por los suelos con mi nivel de inglés, veintitantos minutos en coche a casa. Comer, recoger a Quique, ir a por Dani, llevarle a natación (le hemos metido en un club porque no quiere perder la forma, está obsesionado con los nacionales de socorrismo de este año), ir a hacer la compra, recogerle de la piscina y regresar a casa. Y eso que todavía quedaba encontrar un equipo de fútbol a Quique (estábamos esperando que nos contestara un entrenador).
Con todo ello acabé el día jodido y de mala leche. Esta no era la idea que tenía del viaje. Para estar lejos de casa, recorriendo tropecientas millas, casi tres horas en el coche... Para eso no vengo y así se lo dije a la familia. No podía ser así.
Al día siguiente me fue mucho mejor en clase. Si me centro les entiendo casi todo a los profesores. A mitad de mañana me llamó María para decirme que le había contestado el entrenador de fútbol indicando horarios y lugar de entreno; a mataporculo. Que teníamos que hablar que igual había que replantear todo.
En la comida llegamos a la conclusión de que nada de extraescolares después del cole. Dani deja la natación, hará solo flag fútbol, y Quique hará fútbol en el High school cuando empiece la temporada de invierno (principios de noviembre).
Los peques lo aceptaron muy bien (me vieron muy agobiado el día anterior). Así que desde entonces aprovechamos las tardes para hacer cosas, como ya expliqué en la anterior entrada.
Aún así echo de menos el estilo de vida de allí. En 7 minutos en el trabajo, los niños andando al cole. Solo me marean con el fútbol, pero ya lo tengo asumido y las distancias son menores.
América son dos manos pegadas a un volante parado en una señal de stop. A todos lados van en coche. Diseñan las ciudades pensando en ello, con grandes avenidas paralelas o perpendiculares entre sí. Y en cada cruce, un semáforo o una señal de stop. Da igual que por una calle circulen 5000 coches al día y por la otra 500, se pone un stop para que frenen los cuatro sentidos. Da igual que no venga nadie en kilómetros a la redonda, hay que frenarse en la señal de stop. Y si hay semáforo pues lo mismo.
Los franceses tendrán sus cosas, como todos, pero hay que reconocer que con la rotonda lo clavaron. Me extraña que no haya nadie en USA que eche números del dinero que se pierde parado en un puñetero stop cuando no viene nadie por ningún lado. Y al poco otro. Y otro.
Cuestión aparte es si llegan cuatro coches a la vez. Ni te cuento. Primero tienes que fijarte en si hay stop para las dos vías que se cruzan. Pararte en el tuyo. Estar pendiente del orden de llegada de los otros tres vehículos. El primero que llega es el primero que sale. Así que hay un momento en el que se quedan los cuatro coches parados mirándose. A ver quién desenfunda antes. Yo creo que son reminiscencias del lejano Oeste, cuando se batían en duelo a la mínima de cambio.
Y yo ahí, parado con el papamóvil, una Tacoma a la derecha, una Tundra enfrente, y a la izquierda un Tesla de 600 caballos. Todos rugiendo a tope (bueno, ahí el Tesla pierde claramente).
Menos mal que los conductores estadounidenses son los más educados que he visto en la vida. Al menos los de California (alguien me ha dicho en la academia que en otros estados no son así). Entre eso y que todo son grandes calles, muy bien señaladas y con varios carriles, he de decir que es bastante fácil conducir aquí.
El paisano con el que hemos hecho el intercambio escribe un blog también, y hablaba el otro día de que allí en Santander la gente conduce con más agresividad que en EEUU. Entre eso y que las calles son todas estrechas, retorcidas, sin orden ni concierto y con muchos peatones, le debe haber costado algo acostumbrarse.
Una cosa curiosa es que la gasolina no está tan barata (alrededor de 6 dólares el galón, es decir, a más de 1.50 dólares el litro) pero conducen como si lloviese del cielo. Llevan unos coches pesados, con motores enormes... y salen de cada semáforo o señal de stop como si fuesen Verstappen. Total para parar en el siguiente. Así que es gracioso salir con calma con el papamóvil mientras todos salen fundidos, con el pie a fondo, y reencontrarte con ellos a los 300 metros. Y así la siguiente, y la siguiente.
Y frenando pasa lo mismo. Si tú ves que el semáforo que tienes a 200 metros está rojo, dejas el coche rodar, lo primero para ahorrar combustible, y lo segundo para no dejar la huella del cinturón en el hombro de cada pasajero. Aquí muchos no. Siguen acelerando, yo creo que pensando en que se va a poner verde y así no pierden décimas (también lo entiendo porque si paras en, pongamos 100 semáforos al día, unos segundos que ganes en cada uno se nota), hasta que ven que lo pillan en rojo y clavan el freno.
Viniendo del cole el otro día, parado en un atasco, me fijo en el coche de delante. Era un Toyota familiar de esos que fabrican para el mercado americano. Huge¡ Me fijo en el motor y me parece que ponía "5.7 V8". Pienso "no puede ser, si es un familiar". El caso es que al lado, más cerca, había un Honda primo-hermano del Toyota, igual de cuadrado, igual de grande, y ponía "5.6 V8". Así que sí. Aquí para llevar a los niños al cole hace falta un V8, que si no te dejan tirado en los semáforos. Me pregunta Dani que qué significa ese número y como no tenía ganas de meterme en tecnicismos le digo " eso indica los litros que consume el coche cada vez que lo miras".
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| Otro utilitario |
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| Así se ven desde el papamovil |
Aunque habló de putas la Zapatones, porque el que tengo yo en casa es grande, consume que no veas y hace más ruido que acelera. Además de perder un poco de líquido refrigerante, quemar algo de aceite, etc. Tiene casi 20 años el pobre. Si me meto con el papamóvil que sepáis que es por envidia.
Además con el papamóvil me pasan cosas extrañas. Siento una especie de gustirrinín cuando me adelantan a la vez dos pick ups, una por la derecha y otra por la izquierda. Me siento como el Air Force One escoltado por dos cazas. Y a veces se dan piques interesantes, como el otro día en la autopista con una jargoneta de Amazon. Duelo de titanes que pasó desapercibido para la mayoría de la gente.
La verdad es que lo usamos mucho. En un mes le he metido 2.400 millas, y eso que no salimos del circulo San Diego-El Cajon. Para que os hagáis una idea, de San Diego a Miami hay 2.657 millas. Vamos, que si en vez de casa-high school-casa-midle school-academia-casa-schools-san diego-casa tiro en línea recta hacia el este, me planto por lo menos en Orlando.
Casi siempre nos escapamos a San Diego. Cada vez que vas descubres algo nuevo. El otro domingo estuvimos por la playa de Pacific Beach. Es una zona muy animada, con muchos bares llenos de gente joven viendo los partidos de la NFL, otros patinando, en bici, o dando la nota como el birrias de esta foto:
Aquí pudimos ver algo que nos llamó muchísimo la atención. Esta zona es famosa por el típico muelle de madera que se mete en el océano. Lo extraordinario es que encima de él hay casitas, pequeñas y rudimentarias, pero que están encima del mismo mar y de la misma playa. Las vistas son flipantes, claro.
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| Pacific Pier |
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| Meten el coche y todo, cómo no |
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| Espectacular |
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| A mi me impresionó |
Había alguno trabajando con su portátil y su cervecita en los patios que tienen detrás de cada casa, con vistas al océano, que a mí me dejó alucinando en colores. Lo que no sé es cuando vengan los temporales de invierno, que digo yo que venga alguno de vez en cuando. Oír las olas golpeando justo debajo de tu casa, no debe ser lo mejor para dormir tranquilo.
Otro día también hemos aprovechado para ver nuestro primer partido de fútbol americano. Se enfrentaban los temibles Wolf pack contra otro High School. Eran chavales de 14 años y jugaba el hijo de una amiga (que me saca la cabeza y 50 kilos). El partido fue un poco aburrido porque a los wolf les faltaba colmillo. Nos metieron una paliza de espanto y no había cheerleaders, pero aún así la experiencia estuvo chula.
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| El 75 azul es el chiquitín de nuestra amiga |
Este fue el día que le hice la apuesta a Dani a ver si encontraba alguien delgado entre el público. Apuesta que perdí y, como buen padre, le dije al crío que las apuestas estúpidas nunca se pagan. El caso es que estaba yo concentrado en el partido y de repente me dice la amiga con la que fuimos, que chapurrea algo de español, algo así como:
- "¿Estás dispuesto al partido de los padroes?"
- "¿Cómo?".
- "Sí, al partido de los padroes".
De eso que se me pasan por la cabeza 500 cosas a la vez. "¿Un partido de padres? si no conozco a nadie". "Será de fútbol americano, supongo". "No tengo ni pajonera idea de las reglas, pero como todos sean como los que veo por aquí, me los fundo". "¿Y cuándo será eso?" y..... El caso es que María debió ver el humo que salía de mi cabeza y me dijo: "que no es de padres, no te asustes. Es de los Padres, el equipo de béisbol de San Diego". Ahhhh, vaya: Beisbol. Creo que es un deporte apasionante. A ellas les entró la risa, a mi el alivio, así que dije "ok, why not?". Así que quedamos con esta mujer en que nos sacaba las entradas y para allá que íbamos.
Cuando escribo estas líneas hace ya dos semanas que hemos ido. Da para una entrada del blog, porque coincidió con otras cosas y fue un fide muuuy americano, tanto que al finalizar escuchamos el himno estadounidense 4 veces (más que de lo que sonaba el español en los mundiales de fútbol de cuando yo era niño, que nos mandaban a casa al tercer partido).
Por cierto, ¿os acordías de la dependienta del Trader Joe´s que le encantaban nuestros pimientos? Os paso este vídeo que nos ha enviado un amiguete, Edy, para que veáis que no exagero (hace falta Instagram). Gracias Edy, pero no te libras de que dedique próximamente una entrada al encuentro de la CISV San Diego, porque realmente la merece 😂
https://www.instagram.com/reel/Cv8XALMM_Y7/?igshid=YTUzYTFiZDMwYg==
Otro día más y mejor, que se me ido la inspiración dos semanas a España.💓
Nus vemos¡
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