Parte nº XI. Dios bendiga a América (II de II)

Después del viernes y el sábado tan deportivos que tuvimos, el domingo fuimos María y yo a ver un espectáculo que montan los militares una vez al año. El MCAS Miramar Air Show:



No sabíamos muy bien de qué iba. Yo había oído a algún compi en la academia que merecía la pena verlo, y alguna amiga de María se lo había comentado también. Así que fuimos para allá pero sin los peques, que no les hizo mucha gracia la idea de madrugar después de tantas experiencias acumuladas. Estaban cansados.


Cuando llagamos había muchísimos coches, pero estaba todo muy bien dirigido por militares que iban organizando el tráfico. El más mayor tendría 20 años.... Qué cara de críos, my Goodness.

[En cambio ya sé quién dirige el tráfico en las calles de El Cajón:




De casa al instituto de Quique tengo veintitantos semáforos. No sé por qué hay algunos días que es salir de uno, poner el Papamóvil a tope y aun así tener que frenar en el siguiente, que lo pillo recién cambiado a rojo. Me pongo de una mala leche que me tengo que controlar porque si no, el que parecería Homer sería yo. Por contra, otros días todo va más fluido, los semáforos se coordinan para que mi Prius se deslice por las calles de El Cajón como una damisela orgullosa. Será que Homer Simpson está rodando algún capítulo...]


La base militar era enorme. Nos hicieron aparcar en unos hangares y luego tuvimos que pasar unos controles de pasaporte y de equipaje. La gente llevaba de todo, como si fueran de picnic, con los típicos carritos que utilizan para ir a la playa:




Está claro que son profesionales de estas cosas. Afortunadamente yo llevé paraguas, y no porque esperase unas gotas (las últimas que cayeron aquí debieron ser cuando Pancho Villa era un mochuelo), sino por la solana impresionante que se me venía encima. 

Aquello era un aeropuerto enorme, todo cemento y ni una puñetera sombra. Bueno, alguna había. Y es que, cuando yo veía las películas de guerra con los charlies y todas aquellas cosas, cuando salía algún soldado pidiendo desesperadamente por radio cobertura aérea, no pensé que se referían a esto:


Un nuevo concepto de cobertura aérea

Jijiji. Andábamos como perrillos buscando la sombra. Lo más gracioso es que muchísimos eran japoneses. Quién podía imaginar esto en aquellos lejanos tiempos del ataque a Pearl Harbor...

Pero vayamos por partes. Nosotros nos imaginábamos que íbamos a presenciar el típico desfile de aviones en el aire, pero a lo bestia. En cambio aquello estaba repleto de aviones pero en tierra, abiertos al público. Había modelos antiguos y de ahora, de combate, de transporte, de la NASA,... También había helicópteros, carros de combate, equipos antiminas, lanzamisiles, vehículos de la policía,... Un despliegue espectacular.

Podías dedicarte a entrar a estos vehículos o ver las diferentes actuaciones del ejército del aire. Tenían programa para todo el día:




 

El ruido de los cazas era ensordecedor. De vez en cuando tiraban a lo lejos alguna pequeña bomba, para regocijo de los espectadores americanos.

A la entrada había una exposición de coches deportivos, Ferrari, Lotus, Tesla, Corvette.... Por 500 dólares podías conducir uno varios minutos. Teniendo mi Papamóvil que se los funde a todos..., no soy de los que les gusta tirar el dinero. Preferí gastarlo en una medalla de estas de identificación de cadáveres que pone "Aquí yace un valiente". Molona a tope. Es el primer paso en mi conversión Paco M. Soria - Tom Cruise que decía mi amigo Marcelo.




María aprovechó para subirse a todo lo que uno se podía subir: aviones, helicópteros, jeeps, tanquetas,... probó el traje de desactivador de minas (muy útil con dos adolescentes en casa, por cierto), de lanzadora de misiles. De todo.





Dani, leéme cuatro páginas en inglés, please



El que no se siente a cenar a la de diez...



Bueno, no hay tanta prisa







Vamos, ¡lo que se dice una mujer de armas tomar!


Yo intentaba no quedarme atrás:




Joé con los americanos....



"Returning dignity to San Diego´s streets". Ahí queda eso...



Todo ello, cómo no, precedido del correspondiente himno, interpretado en directo por una cantante mientras descendía en paracaídas un militar con la bandera de Estados Unidos.


No os podéis imaginar lo grande que era aquello ni la pila de cachibaches que tenían expuestos. Casi tantos como puestos de comida y de venta de souvenirs.


Lo que pensamos que nos iba a llevar media mañana nos llevó casi todo el día. Nos fuimos antes porque me daba pánico pensar en la salida con toda aquella gente allí metida. Además había que buscar el coche, que lo dejamos aparcado en una de las tropecientas filas que se organizaron en mitad de un aeropuerto como Barajas, pero sin números ni señales ni nada, rodeado el pobre de Tacomas, Tundras y demás chusmilla metálica. Lamentamos un poco no haber obligado a los peques a ir porque les habría gustado...


Toyota Tacoma



Con esto llegamos al final de este fin de semana, tan americano como interesante.


Os dejo unas fotos por si a  alguno le interesa. Me voy a cenar, que cuando he visto lo que tenía, se me saltaban las lágrimas de alegría:





Os diré que he perdido tres kilos. Es el segundo paso en la conversión a T.C. Me faltan las gafas, la chupa militar  y listo.


¡Nos vemos!
































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